Así va la Educación Orientada al Trabajo -EOT-, en Bogotá

Publicado por Bogotá Cómo Vamos septiembre 7, 2017

La capital tiene la menor participación de este nivel formativo tanto en educación media como en educación superior comparada con ciudades como Cartagena, Cali, Medellín y Manizales.

 

En Bogotá, uno de cada seis jóvenes entre 18 y 24 años no estudia ni trabaja y siete de cada 10, entre 25 y 34 años, tiene algún título o diploma educativo. La tasa de ocupación laboral de quienes están empleados y cuentan con un título técnico o tecnológico oscila entre el 81% y el 84%. La empleabilidad de los universitarios, por su parte, llega al 90%.

Estas son algunas de las cifras que arroja un reciente informe titulado ‘Cómo vamos en educación técnica y tecnológica – Caso Bogotá-‘, de la Fundación Corona, Bogotá Cómo Vamos y la Red de Ciudades Cómo Vamos, análisis que muestra, además, que la matrícula en programas técnicos y tecnológicos de la capital (27,5%, en 2015) tiene menor participación en la educación superior al compararla con la de Cartagena (46,6%), Medellín (31,9%) y Cali (31,5%). En Manizales, por el contrario, apenas llega al 26,2%.

Así mismo, la participación de la matrícula técnica en la educación media era menor en Bogotá en 2015 (9%) respecto a las otras capitales: Manizales (15,1%), Cali (63,3%), Medellín (31,8%) y Cartagena (26,8%).

Bogotá, comparada con estas cuatro ciudades –para cada una de ellas también se produjo un documento individual- cuenta con la mayor proporción de personas que alcanza un título universitario (19,3%) en comparación con quienes optaron por un título de técnico o tecnólogo (17,1%).

“No existe en el país, ni en la ciudad, una orientación estratégica o una política integral sobre cómo debe ser la formación en programas técnicos y tecnológicos. Es importante hacer seguimiento a la inserción laboral de quienes se forman en ellos, cómo es su permanencia y de qué manera se siguen cualificando”, afirmó Ángel Pérez, consultor y experto en temas de educación, durante la presentación del informe.

Al mirar los ingresos de los bogotanos de 25 a 34 años con título técnico o tecnológico, se observa que, en 2015, devengaban $1’100.791, mientras que los universitarios de la ciudad, en ese mismo rango de edad, percibían $2’663.476. En Cartagena, los técnicos y tecnólogos en esas edades ganaban $909.209; en Medellín, $1’042.194; en Cali, $1’036.307 y en Manizales, $963.538.

Uno de los retos de la ciudad, sobre el cual se hizo énfasis en la socialización del documento durante una mesa técnica sobre la educación orientada al trabajo -convocada por Bogotá Cómo Vamos- es la construcción de una política integral y universal para la educación media, nivel educativo desde el cual se articula a los estudiantes con la formación técnica y tecnológica. En 2015, el proyecto de articulación llegaba a 290 planteles educativos y 85.000 alumnos.

Uno de los objetivos, según los expertos, es lograr un mayor engranaje entre los programas técnicos y tecnológicos que ofrece la educación superior y aquellos que certifican a las personas en competencias laborales, a través de la capacitación técnica (Instituciones de Formación para el Trabajo y el Desarrollo Humano). La idea es que estas opciones educativas y formativas se complementen y tengan mayor pertinencia, relevancia, calidad y diversidad.

“Buena parte de los colegios técnicos en Bogotá realmente no son técnicos y carecen de un impacto serio… No hemos logrado especializar la educación media, como se proponía en la Ley 115, ni que a través de esta educación los jóvenes construyan su proyecto de vida. Esto, sumado a la escasa valoración social que tiene la formación técnica y tecnológica en general”, agregó el experto Ángel Pérez.

En 2015, según el informe ‘Cómo vamos en educación técnica y tecnológica – Caso Bogotá-, de los 330 colegios oficiales de calendario A que presentaron estudiantes a las pruebas Saber 11, tres eran de matrícula técnica y 31, de matrícula académica y técnica.

Hace falta conexión con el proyecto de ciudad

La pertinencia de esta educación, en el sentido de lograr un mayor acceso y permanencia en trabajos de calidad, también fue objeto de análisis. “Va más allá de formar estudiantes para los empleos actuales. El sector educativo debe estar pensando en cuál es el proyecto de ciudad, de región o de país al que le está apostando”, indicó, por su parte, Nelson Lammoglia, vicepresidente de la unidad de consultoría empresarial del Centro Nacional de Consultoría.

A juicio de los expertos, la formación de los jóvenes debe estar alineada con la estrategia de desarrollo económico de la ciudad y del país. “No existe una visión unificada de la calidad de la formación técnica y tecnológica… Lo que hemos visto en otros países es que, si bien formar a las personas en competencias muy específicas les permite emplearse con rapidez en el corto plazo, a largo plazo no sabemos qué tan flexibles son para adaptarse a la transformación de la industria”, aseguró Carolina González, especialista en mercado laboral y seguridad social del Banco Interamericano de Desarrollo, BID.

En ese aspecto concuerda el experto Gabriel Torres, para quien la educación no debe servir únicamente a los intereses del mercado, es decir, formar personas productivas con habilidades diseñadas a la medida de la industria. “La Unesco ha insistido en la importancia de flexibilizar los currículos y los procesos educativos, de manera que sean para toda la vida y no solo para manejar un Callcenter”.

El empresario Alberto Espinosa, presidente de Alimentos e Inversiones de Colombia –Alina S.A.- indicó, por su parte, que es importante que el sistema educativo entienda las necesidades de competividad de las regiones para formar el capital humano que ello requiere.

Hoy, el 14,6% de la población bogotana entre 20 y 24 años asiste o asistió a cursos de formación para el trabajo en 2015 (en 2010 lo hizo el 19%) y el 19,4% de las personas entre 25 y 44 años. Según el informe, la mayoría de los cursos son de naturaleza privada (62%) y el 52% de ellos tienen una duración de hasta 40 horas.

“La formación para el trabajo tiene enormes potencialidades y sociales que no han sido del todo exploradas por la falta de claridad sobre su valor agregado… Bogotá ha privilegiado una concepción de esta formación orientada a brindar oportunidades para los estudiantes de educación media de colegios oficiales. La estrategia del Subsistema Distrital de Educación Superior representa un avance al reconocer como actores clave a las Instituciones de Formación para el Trabajo, FpT, y plantear la urgencia de cualificar su oferta. Sin embargo, no hay metas de resultado que permitan verificar el avance de esta propuesta”, dice el informe.

El Plan Distrital de Formación para el Trabajo, publicado en 2010, asume esta capacitación como la adquisición de competencias laborales específicas que permitan ejercer algún oficio o actividad y la enmarca dentro de los programas técnicos y tecnológicos que ofrece la educación superior en la ciudad, algunas modalidades educativas del SENA y los programas de educación para el trabajo y el desarrollo humano.

Daniel Gómez, gerente de articulación macrosectorial de la Cámara de Comercio de Bogotá, afirmó, por su parte, que para algunos empresarios los cursos de formación para el trabajo no aportan a la productividad laboral, por lo cual es necesario incluir su visión sobre las habilidades que demandan. Sin embargo, Paola Lesmes, rectora del Instituto Colombiano de Aprendizaje (INCAP), aseguró que sus egresados tienen muy buena inserción laboral y que el éxito se basa en que el sector productivo hace parte de la malla curricular, por lo cual sus programas son pertinentes para las necesidades empresariales.

Hoy, en Bogotá, según datos del Ministerio de Educación Nacional, existen 35 instituciones técnicas y tecnológicas.

 

Revive aquí la transmisión en vivo de la mesa técnica sobre educación orientada al trabajo – caso Bogotá.

Descarga aquí el informe completo.