Aire: el gran problema ambiental urbano

Publicado por Bogotá Cómo Vamos febrero 22, 2019

El control del diésel es insuficiente. Mejorar la calidad del aire en la ciudad pasa por un diseño urbano que promueva la densificación y los usos de suelo mixto, para que la gente viva cerca de su trabajo y realice trayectos más cortos; el uso de nuevas tecnologías, mejorar el transporte público e incentivar construcciones eco-eficientes.

Por: Omar Oróstegui Restrepo 

Director Bogotá Cómo Vamos

director@bogotacomovamos.org

La contaminación del aire es hoy el principal problema ambiental de las ciudades en todo el mundo.  Y si bien no es algo nuevo, tanto la Organización Mundial de la Salud (OMS) como diferentes centros de investigación y universidades de distintas latitudes vienen alertando, de tiempo atrás, sobre los graves problemas de salud asociados a una mala calidad del aire.

Las cifras son preocupantes. La OMS estima que cada año fallecen 7 millones de personas por el aire que respiran, principalmente por causa de enfermedades pulmonares, accidentes cerebrovasculares, cáncer de pulmón y enfermedades cardiacas. Las investigaciones más recientes han demostrado que el problema va mucho más allá: Algunos estudios asocian una mala calidad del aire con demencia, diabetes y abortos espontáneos. Incluso, hay evidencia de material particulado en las placentas de madres expuestas al aire contaminado.

Y es que esas pequeñas partículas (polvo, hollín, cenizas, polen y metales ligeros, entre otros), invisibles a simple vista, tienen un enorme potencial de daño que se agrava si se está más cerca de las fuentes emisoras o existe un prolongado tiempo de exposición. Las partículas más pequeñas llegan a los pulmones, pero también al sistema circulatorio y cerebro, según estudios.

El problema sigue creciendo. Sus orígenes se remontan al proceso de industrialización de las ciudades y al crecimiento demográfico que esto conlleva. Hoy en día, el 80% de las áreas urbanas muestran niveles que sobrepasan las normas técnicas de la OMS, en particular el sureste asiático, donde India tiene 25 ciudades entre las 50 más contaminadas del mundo mientras China tiene 8.

Por lo regular, donde hay más automotores, congestión vehicular, consumo de Diesel, industria con pocos controles y quema de residuos a cielo abierto, hay altas probabilidades de tener un aire muy contaminado.

Bogotá no es ajena a este fenómeno. En la última década, el parque automotor se duplicó. Hoy tenemos 2.418.264 vehículos. Los vehículos particulares crecieron un 95% mientras las motos un 228% y el transporte público tan solo un 13%. A pesar de ello, los resultados de la última Encuesta de Percepción Ciudadana del programa Bogotá Cómo Vamos muestran que 6 de cada 10 bogotanos se mueve en transporte público como su principal medio.

Lo paradójico es que desde hace más de 10 años se registra una disminución sostenida en el tiempo de la concentración promedio anual del material particulado PM10. En el 2005 se reportaban 74 microgramos por metro cúbico y hoy estamos cerca de 40 μg/m3, todavía lejos de la norma OMS: 20 μg/m3. Esta mejoría fue marginal y se debe a una gasolina de mejor calidad y mejor tecnología en los motores. Pero persiste una baja calidad en el combustible diesel, una alta densidad de tráfico vehicular, una infraestructura vial con problemas y una débil gestión en los programas de inspección y mantenimiento de vehículos. Un motor mal calibrado, viejo y sin filtros contamina más.

Medidas de choque y medidas a largo plazo

Los acontecimientos recientes nos recordaron nuevamente, como sucede en febrero -donde hay poco viento-, que el problema se mantiene, pues las fuentes móviles siguen aportando más de la mitad de la contaminación, en especial los automotores que funcionan con diesel (transporte de carga y transporte público); que las fuentes fijas del sector industrial y comercial aportan un 44% y que los incendios forestales tan solo un 2%.

Lo peor es que el problema se sigue concentrando en las mismas áreas donde hace tiempo sabemos que existe una mala calidad del aire. Por ejemplo, el occidente y el sector de la Sevillana en el sur. Allí hay un alto tráfico vehicular, sobretodo de carga, presencia de industrias sin las correctas medidas de control en sus procesos industriales, baja pluviosidad y una malla vial en regular estado.

Si bien hay avances normativos y legales en los últimos años, gracias a esos protocolos es que se decreta la alerta; los expertos coinciden en que hay que tener medidas de choque para casos de emergencia y medidas sostenidas en el largo plazo, con incentivos para reducir los costos asociados y sanciones para evitar que el problema siga creciendo.

Las ciudades se están dando cuenta que la receta tradicional de control al diésel es insuficiente. Se requiere una intervención más compleja que incluya, en primer lugar, un diseño urbano que promueva la densificación y los usos de suelo mixto, para que la gente viva cerca de su trabajo y realice trayectos más cortos, camine más y no dependa tanto del carro.

Segundo: es necesario mejorar el transporte público y su infraestructura, haciéndolo más eficiente y menos contaminante. Incluso, muchas urbes en el mundo han optado por ampliar los carriles exclusivos para el transporte público y, en algunos casos, por permitir la circulación de carros eléctricos particulares y bicicletas por dichos carriles. Y tercero, la incorporación de nuevas tecnologías, como filtros y motores con bajas emisiones.

La promoción de apps que permitan conocer, en tiempo real, los corredores más contaminados, ayudaría a la gente a decidir sobre el mejor momento para salir a la calle y el medio más efectivo para movilizarse. Adicionalmente, es fundamental un compromiso por mantener y ampliar la infraestructura verde, con más áreas públicas, construcciones eco-eficientes y un arbolado urbano amplio.

De no hacer nada, el problema seguirá creciendo así como la insatisfacción de los ciudadanos con la calidad del aire, que ronda el 80% en Bogotá; sin mencionar los impactos en la salud, la economía y la calidad de vida en las ciudades, como bien advirtió la OMS el pasado noviembre en su cumbre mundial sobre calidad del aire.

Artículo publicado en el diario El Tiempo